Además de esta primera diferencia fundamental, otra característica que diferencia a ambos tipos de cerveza es el proceso de elaboración. La cerveza industrial se produce en elevadas cantidades y toda la cadena de producción está encaminada a la reducción de costes. Por un lado, la calidad de las materias primas no es siempre la más deseable, y por otra parte los tiempos de fermentación y maduración son más cortos. Sirva como ejemplo considerar que el tiempo medio de maduración para la cerveza artesanal después de la fermentación oscila entre 3 y 6 semanas, mientras que en la cerveza industrial no suele pasar de 1 semana.
Como consecuencia de todo ello, nos encontramos ante un producto (la cerveza natural) en el que priman los productos naturales y el cuidado extremo en todos los procesos de elaboración frente a otro producto (la cerveza industrial) en el que se impone la reducción de tiempos y costes en su elaboración final.
La mayor sensibilización de la opinión pública hacia todo lo relacionado con el cuidado del medio ambiente y una mayor preocupación del consumidor por su salud y bienestar, han provocado que se dispare la demanda de productos naturales. Las empresas que se encuentren en dichos sectores y sepan adaptar sus productos a las necesidades del mercado, triunfarán. Y es en este contexto dónde debemos situar a la cerveza artesanal. Un producto natural que responde a las inquietudes del consumidor actual.
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