Si ya es importante elegir una buena alimentación para alcanzar la Tercera Edad en plenas facultades físicas,
también lo es mantenerla en esta etapa de la vida, ya que el riesgo de padecer enfermedades relacionadas con la
alimentación puede incrementarse con la edad.
De hecho, muchas personas mayores están mal alimentadas, lo que las hace más propensas a sufrir infecciones, incluidas
las causadas por los agentes patógenos de los alimentos.
La pérdida del apetito puede tener numerosas causas: la medicación, los desarreglos digestivos, las enfermedades crónicas,
las discapacidades físicas o la depresión.
No obstante, el problema más evidente reside en que muchas personas mayores
viven con unos ingresos limitados y, cuando la necesidad apremia, la comida es el gasto más fácil de recortar.